dijous, 18 de desembre de 2008

Texto: La nueva secretaria


Bajó rápidamente las escaleras casi tropezándose, salió a la calle aún poniéndose la chaqueta y no se entretuvo a cerrar la puerta principal, llegaba tarde al trabajo como siempre. Corrió calle abajo intentando no caerse por esos malditos tacones. Cuando finalmente llegó, abrió la puerta agotada.
- ¡Buenos días! Tu debes ser Saira -
Al girarse vio a una chica con una grande sonrisa, de cabellos oscuros y hasta los hombros, de piel blanca y con unos ojos claros muy expresivos. Su radar le avisó.
- “Sira”, se escribe Saira pero se pronuncia “Sira”- dijo con una mirada de coqueteo.
- Muy bien “Sira” – dijo remarcando su nombre – entonces ya estáis todos. – y la tacho de la lista – Soy la nueva secretaria, Claudia.
- Encantada – le respondió guiñándole un ojo, y con una sonrisa – nos iremos viendo por aquí – y entró en su despacho.
Dejó su maletín en la mesa y se tiró en esa silla tan cómoda. Era verdad, su jefe ya les había dicho que pondrían a otra secretaria, ya que la de antes había cogido la baja por maternidad. Intentó sacársela de la cabeza y ponerse a trabajar.
Todos los días fueron así, solo con el hola de las entradas, el adiós de las salidas y aquellas dulces miradas. Pero un día de invierno a las ocho de la tarde llamaron a la puerta de su despacho, Claudia entró, siempre con su sonrisa.
- Te dejo unos informes que Alejandro – el jefe – quiere que redactes para hoy. – y los dejó sobre la mesa, moviéndose sensualmente.
- ¡¿Para hoy?! – dijo incrédula – ¡pero si es tardísimo! Tendré que quedarme hasta tarde… - respondió con un suspiro.
- Tranquila, yo siempre me quedo la última para cerrar, te esperaré – dijo guiñándole el ojo y saliendo.
Saira no pudo evitar bajar los ojos para observar su cuerpo, y rápidamente se puso a trabajar, pero con la cabeza en otra parte. A las diez de la noche Saira fue a coger un café de la máquina del pasillo, al entrar otra vez a su despacho notó una presencia a su espalda, dejó el café sobre la mesa y se giró. Claudia estaba apoyada en el marco de la puerta, se acercó a ella, la sentó sobre la mesa, le puso las manos a la cintura y se besaron tiernamente entre caricias suaves. Esa noche Saira durmió profundamente en su cama abrazando esa piel fina de mujer.

3 comentaris:

  1. Holas
    gracias por leerme y que bueno
    que te haya gustado la historia
    espero escribir mas
    lei la tuya y ta buena
    bueno solo pasaba
    te dejo

    Aios

    Alecram

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  2. Benvinguda Russ! Eres toda una valiente, por lo que cuentas, a tu edad, y ya haber salido del armario y demás..eso que tienes ganado para el futuro y para el presente que es más importante.. cuanto antes se empice y antes se dé una cuenta, antes se empieza a ser una misma y a ser feliz.. ;) Saludos

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